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Las enfermedades cardiovasculares constituyen la principal causa de mortalidad en
el mundo, representando más de 17.9 millones de muertes anuales, lo que equivale
al 32% de todas las defunciones globales según la Organización Mundial de la Salud
(OMS).
Dentro de este grupo, los síndromes coronarios agudos (SCA) —que incluyen el
infarto agudo de miocardio con y sin elevación del segmento ST— son responsables
de la mayor proporción de fallecimientos y discapacidad en adultos mayores de 40
años.
A pesar de los avances en diagnóstico y tratamiento, la carga de enfermedad
coronaria continúa en aumento, especialmente en países de ingresos medios como
México, donde los cambios en estilo de vida, el envejecimiento poblacional y la
transición epidemiológica han elevado notablemente su incidencia.
En México, las enfermedades del corazón ocupan de manera constante el primer
lugar de mortalidad general, con una tasa superior a 200 muertes por cada 100,000
habitantes, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).
Se estima que más del 12% de todas las defunciones corresponden
específicamente a enfermedad isquémica del corazón, una cifra que continúa
aumentando desde la última década.
A nivel institucional, el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los
Trabajadores del Estado (ISSSTE) ha reportado un incremento sostenido en las
hospitalizaciones por infarto agudo de miocardio (IAM), con un impacto económico
y asistencial considerable, reflejando la necesidad de estrategias preventivas y de
detección temprana.
El síndrome coronario agudo surge principalmente por la ruptura o erosión de una
placa aterosclerótica con formación subsecuente de un trombo oclusivo o
suboclusivo, lo que conduce a isquemia miocárdica y necrosis celular.
La angiografía coronaria se considera el estándar de oro para evaluar la extensión,
localización y severidad de las lesiones arteriales, permitiendo no solo el
diagnóstico, sino también la planificación del manejo intervencionista mediante
angioplastia o revascularización quirúrgica. El análisis de los patrones
angiográficos, junto con la identificación de factores clínicos y demográficos
asociados, proporciona información esencial para el pronóstico y la estratificación
de riesgo en los pacientes.
Diversos estudios, como el INTERHEART, demostraron que más del 90% del riesgo
atribuible al infarto agudo de miocardio se debe a factores de riesgo modificables,
entre los que destacan la hipertensión arterial, la dislipidemia, el tabaquismo, la
obesidad abdominal, la diabetes mellitus y el estrés psicosocial. En México, la
Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT) 2022 mostró que la prevalencia
de hipertensión alcanza el 30%, la diabetes el 17%, y más del 70% de los adultos
presentan sobrepeso u obesidad, todos ellos factores determinantes en la
progresión de la aterosclerosis coronaria. |
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